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Liderazgo y bienestar

Un sistema nervioso regulado toma mejores decisiones

Ilustración de una mujer meditando con los ojos cerrados frente a un paisaje suave de montañas

Durante muchos años pensé la toma de decisiones de una manera bastante lógica.

Información. Escenarios. Números. Riesgo. Retorno.

Vengo de finanzas y estrategia, así que tiene sentido.

Pero después de trabajar durante años con empresas, liderar equipos y empezar a incorporar otras herramientas en mi propio trabajo, fui entendiendo algo que ningún Excel muestra:

no decidimos solamente con la información que tenemos. También decidimos desde el estado en el que estamos.

Podés tener exactamente los mismos números delante un lunes después de dormir bien y un viernes después de diez horas apagando incendios.

La información no cambió.

Vos, probablemente, sí.

Y eso también entra en la decisión.

El estrés no se queda afuera de la reunión

Cuando hablamos de decisiones de negocio solemos pensar en variables externas.

¿Cuánto vendemos?

¿Cuál es el margen?

¿Cuánta caja tenemos?

¿Contratamos?

¿Subimos precios?

¿Abrimos otro mercado?

Todas esas preguntas importan.

Pero hay otra variable mucho menos visible: el estado de la persona que las está respondiendo.

La investigación en neurociencia viene mostrando desde hace años que, especialmente cuando el estrés es intenso o sostenido, pueden verse afectadas funciones de la corteza prefrontal relacionadas con atención, memoria de trabajo, flexibilidad cognitiva y control de impulsos.

Traducido al idioma empresa: bajo mucha presión puede costarnos más mantener perspectiva, contemplar alternativas y salir de respuestas automáticas.

Eso no significa que cada vez que estás estresado tomás una mala decisión.

Sería una simplificación bastante absurda.

El estrés también es necesario. Nos activa, nos permite reaccionar, resolver y responder rápido cuando hace falta.

El problema aparece cuando todo empieza a ser procesado como si requiriera una respuesta inmediata.

Cuando todo parece urgente

Esto lo veo mucho en líderes y dueños de negocio.

Una baja en ventas dispara:

“Tenemos que cambiar toda la estrategia.”

Un error de alguien del equipo dispara:

“No puedo delegar nada.”

Un cliente importante amenaza con irse y aparece:

“Bajemos el precio.”

La caja viene ajustada y la reacción es:

“Cortemos gastos.”

Tal vez alguna de esas decisiones sea correcta.

El punto es que la urgencia con la que aparece una decisión no nos dice nada sobre la calidad de esa decisión.

Y muchas veces hacemos algo simplemente porque hacer nos devuelve sensación de control.

Mandar el mail.

Cambiar el plan.

Contratar.

Despedir.

Bajar precios.

Cancelar el proyecto.

Moverse produce alivio.

Pero aliviar la incomodidad y resolver el problema no son la misma cosa.

Hay decisiones estratégicas que en realidad son emocionales

Esto me parece especialmente interesante.

Porque no siempre tomamos decisiones impulsivas que se ven impulsivas.

Algunas vienen acompañadas de un Excel impecable.

Podemos construir argumentos muy sofisticados para justificar algo que, en el fondo, ya decidimos desde otro lugar.

Miedo.

Necesidad de control.

Cansancio.

Ansiedad.

Ego.

Impaciencia.

Y esto no vuelve inválida automáticamente la decisión.

Lo que hace es sumar una pregunta:

¿Cuánto de lo que estoy viendo pertenece al problema y cuánto pertenece al estado desde el que lo estoy mirando?

Para mí, esa es una pregunta de liderazgo.

Y también de estrategia.

Regularte no significa convertirte en Buda

Acá también hay bastante confusión.

Cuando hablo de regulación del sistema nervioso no hablo de estar tranquilo todo el tiempo.

Ni de eliminar el estrés.

Ni mucho menos de respirar tres veces y mágicamente encontrar la respuesta.

Regularnos tiene más que ver con tener suficiente flexibilidad para no quedar atrapados en una única respuesta.

Poder sentir presión sin que todo se vuelva emergencia.

Poder recibir una mala noticia y no contestar inmediatamente.

Poder tolerar durante un rato no saber.

Poder escuchar información que contradice lo que querías que sucediera.

Poder reconocer:

“Ahora mismo no estoy en condiciones de decidir esto.”

Eso también es liderazgo.

Y, para mí, uno bastante más sofisticado que reaccionar rápido a todo.

El cuerpo puede darte información antes que el Excel

Esto fue algo que incorporé mucho más tarde en mi carrera.

Durante años aprendí a mirar números, procesos, escenarios y riesgos.

Sigo haciéndolo.

No creo en reemplazar análisis por intuición ni estrategia por respiración.

Pero sí empecé a prestar atención a otra fuente de información: qué está pasando en mi cuerpo mientras intento resolver algo.

¿Estoy acelerada?

¿Estoy respirando superficialmente?

¿Estoy queriendo terminar la conversación cuanto antes?

¿Tengo la mandíbula apretada?

¿Estoy entrando en modo control?

No porque esas sensaciones tengan “la respuesta”.

Sino porque pueden avisarme que hay algo más entrando en la ecuación.

Y a veces esa información alcanza para hacer algo muy pequeño:

esperar.

Caminar diez minutos.

Respirar.

Dormir.

Volver a mirar los números mañana.

Hablar con alguien antes de resolver.

Crear espacio antes de actuar.

¿Y la respiración realmente sirve?

Sirve para algo bastante más concreto que “manifestar claridad”.

La respiración voluntaria puede influir sobre variables relacionadas con la activación fisiológica.

Por ejemplo, un ensayo controlado de Stanford comparó durante un mes distintas prácticas breves de respiración con mindfulness y encontró mejoras en estado de ánimo y reducción de algunas medidas de activación fisiológica, especialmente con una técnica centrada en exhalaciones prolongadas.

¿Eso demuestra que respirar cinco minutos te hace tomar mejores decisiones empresariales?

No.

Y me parece importante decirlo.

Lo que sí muestra es que podemos intervenir deliberadamente sobre nuestro estado fisiológico.

Después hay que hacer el resto del trabajo.

Mirar números.

Revisar alternativas.

Preguntar.

Contrastar.

Pensar escenarios.

Tomar una decisión difícil si hace falta.

La regulación no reemplaza el criterio.

Puede ayudarte a recuperar las condiciones para usarlo.

Antes de una decisión importante, cambiaría el orden

Cuando algo nos activa, la secuencia suele ser bastante rápida:

problema → reacción → acción

Yo intentaría introducir algo en el medio.

problema → registro → regulación → análisis → decisión

No siempre vas a tener dos días para pensarlo.

A veces vas a tener veinte minutos.

Pero incluso ahí podés preguntarte:

¿Qué sé realmente?

¿Qué estoy suponiendo?

¿Qué siento que tengo que resolver ya?

¿Qué pasa si no decido esto hoy?

¿Qué parte de mi urgencia pertenece al negocio?

¿Estoy buscando solucionar el problema o sacarme de encima la incomodidad que me genera?

No necesitás hacer las seis preguntas cada vez que alguien te manda un WhatsApp.

Pero frente a una decisión importante pueden cambiar muchísimo la conversación.

El negocio también se gestiona desde el estado del líder

Esta fue probablemente una de las ideas que más modificó mi manera de trabajar.

Durante gran parte de mi carrera mi mundo profesional estuvo vinculado a finanzas, estrategia y gestión.

Hoy todo eso sigue estando.

Pero me resulta imposible mirar una empresa sin mirar también a la persona que la dirige.

Porque podés tener un cashflow perfecto y estar tomando decisiones desde el miedo.

Podés tener una estrategia fantástica y no ser capaz de sostener la incertidumbre que requiere implementarla.

Podés saber que necesitás delegar y seguir controlando cada detalle porque internamente soltar se siente demasiado riesgoso.

Y también puede pasar lo contrario.

Podés conocerte muchísimo, meditar todos los días y tener una regulación impecable, pero si no sabés cuánto margen deja lo que vendés, cuánto efectivo necesitás para los próximos meses o cuáles son las prioridades de la empresa, tenés un problema de negocio.

No hay que elegir entre estrategia y trabajo interno.

Un líder necesita capacidad para leer las dos cosas.

Lo que está pasando afuera.

Y lo que está pasando adentro.

Porque no decidís solamente con lo que sabés.

También decidís desde cómo estás.

Preguntas frecuentes

¿El estrés afecta la toma de decisiones?

Puede hacerlo. Especialmente bajo estrés intenso o sostenido, pueden verse afectadas funciones cognitivas vinculadas con atención, flexibilidad mental, memoria de trabajo y control de respuestas automáticas. Eso no significa que cualquier nivel de estrés sea negativo ni que una persona estresada necesariamente decida mal.

¿Qué significa tener el sistema nervioso regulado?

No significa estar siempre tranquilo. En este contexto, hablamos de poder atravesar distintos niveles de activación y recuperar suficiente flexibilidad para responder a lo que sucede, en lugar de quedar atrapado permanentemente en respuestas automáticas.

¿Respirar antes de una decisión puede ayudar?

Las prácticas de respiración voluntaria pueden modificar algunas variables relacionadas con activación fisiológica y estrés. Eso no garantiza una mejor decisión, pero puede ser una herramienta para cambiar el estado desde el cual empezás a analizarla.

Fuentes

  • Arnsten, A. F. T. Stress signalling pathways that impair prefrontal cortex structure and function. Nature Reviews Neuroscience, 2009.
  • Liston, C., McEwen, B. S. & Casey, B. J. Psychosocial stress reversibly disrupts prefrontal processing and attentional control. PNAS, 2009.
  • Yilmaz Balban, M. et al. Brief structured respiration practices enhance mood and reduce physiological arousal. Cell Reports Medicine, 2023.

Conversemos

Trabajo con líderes y dueños de negocio que muchas veces saben perfectamente qué herramientas deberían usar, pero necesitan recuperar claridad para poder usarlas bien.

En mis procesos de Executive Coaching y Core Clarity integro estrategia, números y trabajo sobre la forma en que el líder está sosteniendo el negocio.

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